En 2026, la Naciones Unidas ha declarado el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, reconociendo el papel fundamental que desempeñan los ecosistemas de pastizal en el equilibrio ambiental del planeta, así como el valioso patrimonio cultural asociado a las comunidades pastoriles.
El pastoreo es una de las actividades más antiguas de la humanidad, profundamente arraigada en las formas de vida y en la identidad de los pueblos. A lo largo de los siglos, la ganadería extensiva ha constituido un pilar esencial de la economía rural, proporcionando productos como la lana, el queso o la carne, y contribuyendo al mantenimiento de paisajes abiertos, biodiversos y sostenibles.
En la provincia de Albacete, la trashumancia ha sido una práctica constante que ha modelado el territorio y la cultura. Miles de ovejas, cabras y vacas han recorrido históricamente estas tierras siguiendo una extensa red de vías pecuarias, caminos tradicionales que conectan los pastos de verano situados en las zonas de montaña. como las serranías de Cuenca y Teruel o las sierras de Alcaraz y Segura, con los pastos de invierno en regiones más templadas, como Sierra Morena, el Campo de Cartagena o el antiguo Reino de Valencia.
Este desplazamiento estacional, que se repite dos veces al año, responde a un conocimiento profundo del medio natural y a una forma de vida adaptada al ritmo de las estaciones. Las vías pecuarias, además de su función ganadera, constituyen un dominio público de gran valor, con múltiples usos potenciales relacionados con la conservación del medio ambiente, el uso recreativo y la conectividad ecológica.
La presente exposición tiene como objetivo dar a conocer y poner en valor este rico patrimonio, que forma parte esencial de la historia y el paisaje de la provincia. A través de ella, se invita a reflexionar sobre la importancia de conservar y revitalizar estas rutas milenarias, entendidas no solo como caminos del pasado, sino como elementos vivos con un papel relevante en el presente y el futuro del territorio.